Dpto. de Religión

ERAIN Ikastetxea

EL DEMONIO

Rafa Guindo, Juan Ormazabal y Aitor Rodríguez

1º Bachillerato

 

Concepto Actuación Defensa Bibliografía

Acción Ordinaria

acción  extraordinaria

Antes de comenzar el desarrollo de esta sección, no gustaría insistir que la acción más peligrosa del diablo es la que hemos denominado acción ordinaria, esto es, la tentación.

Sin embargo, también existe una acción extraordinaria, más llamativa. Para el estudio de la acción extraordinaria del diablo nos hemos basado casi exclusivamente en el trabajo elaborado por Gabriele Amorth y recogido ene su libro "Habla un exorcista".

Éste autor explica que la acción extraordinaria del diablo se puede clasificar de seis formas distintas:

1. Sufrimientos físicos

Los sufrimientos físicos causados por Satanás externamente. Se trata de esos fenómenos que leemos en tantas vidas de santos. Sabemos cómo san Pablo de la Cruz, el cura de Ars, el padre Pío y tantos otros fueron golpeados, flagelados y apaleados por demonios.

 

2. La posesión diabólica

La posesión diabólica. Es el tormento más grave y tiene efecto cuando el demonio se apodera de un cuerpo (no de un alma) y lo hace actuar o hablar como él quiere, sin que la víctima pueda resistirse y, por tanto, sin que sea moralmente responsable de ello. Esta forma es también la que más se presta a fenómenos espectaculares, del género de los puestos en escena por la película El exorcista. Con signos como hablar lenguas nuevas, demostrar una fuerza excepcional, revelar cosas ocultas. De ello tenemos un claro ejemplo evangélico en el endemoniado de Gerasa.

3. La vejación diabólica

La vejación diabólica, o sea trastornos y enfermedades desde muy graves hasta poco graves, pero que no llegan a la posesión, aunque sí a hacer perder el conocimiento, a hacer cometer acciones o pronunciar palabras de las que no se es responsable. Algunos ejemplos bíblicos: Job no sufría una posesión diabólica, pero fue gravemente atacado a través de sus hijos, sus bienes y su salud. La mujer jorobada y el sordomudo sanados por Jesús no sufrían una posesión diabólica total, sino la presencia de un demonio que les provocaba esos trastornos  físicos.

4. La obsesión diabólica

La obsesión diabólica. Se trata de acometidas repentinas, a veces continuas, de pensamientos obsesivos, incluso en ocasiones racionalmente absurdos, pero tales que la víctima no está en condiciones de liberarse de ellos, por lo que la persona afectada vive en continuo estado de postración, desesperación, de deseos de suicidio. Casi siempre las obsesiones influyen en los sueños

5. Actuación en los objetos

Existen también las infestaciones diabólicas en casas, objetos y animales

6. La sujeción diabólica

Llamada también dependencia diabólica. Se incurre en este mal cuando nos sometemos deliberadamente a la servidumbre del demonio. Las dos formas más usadas son el pacto de sangre con el diablo y la consagración a Satanás.

 

Causas de los trastornos extraordinarios:

1. Por permisión de Dios

Nada ocurre sin el permiso de Dios y Dios no quiere nunca el mal, pero lo permite cuando somos nosotros quienes lo queremos (por habérsenos creado libres) y sabe obtener el bien también del mal. Del mismo modo que Dios permite habitualmente la acción ordinaria de Satanás (las tentaciones), concediéndonos todas las gracias para resistir y obteniendo de ello un bien para nosotros si somos fuertes, así Dios también puede permitir a veces la acción extraordinaria de Satanás para que el hombre ejercite la humildad, la paciencia y la mortificación.

 2. Cuando se sufre un maleficio.

Tampoco este caso hay culpa por parte de quien es víctima este mal; pero hay un concurso humano, o sea una culpa humana por parte de quien hace o quien ordena a un mago el maleficio. El maleficio existe: perjudica otros a través de la intervención del demonio.

 

3. Un estado grave y recalcitrante de pecado

En los tiempos en que vivimos, está creciendo, por lo que también lo está el número de las personas afectadas por el demonio. En el fondo, el verdadero motivo es siempre la falta de fe. Cuanto más falta la fe, tanto más aumenta la superstición; es un hecho, por decirlo así, matemático. El Evangelio nos presenta un ejemplo emblemático de esto en la figura de Judas. Era ladrón; quién sabe cuántos esfuerzos hizo Jesús para reprenderle y corregirle, y recibió a cambio sólo rechazo y obstinación en el vicio. Hasta que llegó al colmo: «¿Cuánto me dais si os entrego a Jesús? Y ellos señalaron el precio: treinta monedas de plata» (Mt. 26, 15). Y así leemos aquella frase tremenda, durante la última cena: «Satanás entró en su corazón» (Jn. 13, 27).

4. Frecuentación de personas y lugares maléficos

Engloba la práctica o la asistencia a sesiones espiritistas, magia, cultos satánicos o sectas satánicas, a prácticas de ocultismo...  Todas ellas son formas que exponen a la persona al peligro de incurrir en un maleficio. Tanto más cuando se quiere contraer un vínculo con Satanás: existe la consagración a Satanás, el pacto de sangre con Satanás, la frecuentación de escuelas satánicas y el nombramiento como sacerdote de Satanás... Por desgracia, especialmente desde hace quince años, se trata de actividades que van en aumento, casi en explosión.